¿Qué escuchamos cuando escuchamos?

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Nos encontramos en una época en donde las redes sociales han facilitado el poder compartir nuestros pensamientos e ideas con otras personas. Sin embargo, vivimos en una sociedad en donde no siempre interesa lo que el otro tiene para decirnos, sino aquello de lo que estamos convencidos. En este sentido, la escucha es una actitud frente a la vida, frente al otro, que no siempre practicamos.

Escuchar no es oír

En contraposición a oír, que es simplemente percibir con el oído los sonidos, escuchar es un acto intencionado. Se trata no sólo de un proceso físico, sino también de uno psicológico, que implica muchas variables como la atención, la motivación, el razonamiento y la empatía.

Escuchar, por tanto, es la capacidad de recibir, interpretar, atender y responder un mensaje de otra persona; significa entender, comprender y dar sentido a lo que uno oye.

Escuchar significa entender, comprender y dar sentido.

¿Qué es la escucha activa?

El proyecto YoTeEscucho busca promover la escucha activa. Cuando hablamos de escucha activa, nos estamos refiriendo a una manera de comunicación con el otro en donde se pretende hacer saber a la persona que se les está atendiendo y comprendiendo.

Cuando se escucha de forma activa a alguien, se hace de forma consciente, haciendo un esfuerzo por centrar toda nuestra atención en aquello que se nos está comunicando, así como también, en la forma en que ese mensaje se está comunicando.

Planteado de esta forma, parece fácil realizar una escucha activa. Incluso muchos pensarán que en su cotidiano realizan este tipo de escucha; sin embargo, la escucha activa resulta una actividad realmente dificultosa en la actualidad. Esto se debe a que existen ciertos errores que cometemos a la hora de escuchar activamente.

«Lo difícil no es oír, sino escuchar.»

Gastón Cabana

Errores comunes al escuchar

A continuación, enumeramos los seis errores más comunes al momento de la escucha y todos aquellos comportamientos, actitudes y formas que nos alejan de brindar una escucha activa.

  1. Dar consejos cuando no son solicitados. En muchas ocasiones, cuando alguien nos cuenta una situación, creemos tener la respuesta a todos sus problemas y rápidamente exponemos nuestro parecer. Aconsejar cuando no es solicitado, se encuentra directamente en contra de la escucha activa. Implica centrar la escucha en nuestra opinión, desviando la misma de quien la está expresando.
  2. Juzgar. Parte central de la escucha activa es la empatía, por consiguiente, juzgar se encuentra en contraposición directa de una escucha empática. Al igual que en el error anterior, se corre el centro de la escucha a nuestra opinión, nuestro parecer, cuando lo que nos debería importar es lo que la otra persona tiene para decir.
  3. Las interrupciones. Aquí vemos otra forma de mover el centro de la escucha hacia quien debería estar escuchando. Cuando interrumpimos, en muchas ocasiones, ni siquiera estamos escuchando por completo lo que la otra persona tiene para decir, sino que estamos pensando qué vamos a decir nosotros. Esto atenta contra la atención plena, condición indispensable para cualquier escucha activa.
  1. Solicitar más información de forma excesiva. Puede suceder que, frente a una historia muy atrapante o un suceso que nos interesa, nos surja la necesidad de indagar más al respecto. En ocasiones esto se hace para lograr comprender mejor la situación planteada, pero en otros casos puede deberse a una simple satisfacción de la curiosidad de quien está escuchando. En cualquiera de las dos situaciones, la solicitud de información de forma excesiva atenta contra la escucha activa haciendo que la misma sea percibida como un interrogatorio.
  2. Hacer intervenciones superficiales. Es usual que, frente a escuchas cargadas de emocionalidad, quien se encuentra escuchando sienta la necesidad de brindar consuelo a su interlocutor. El problema surge cuando quien escucha realiza intervenciones superficiales con el objetivo único de consolar. Frases como «No te podés poner así por eso» o «Bueno, todo va a estar bien», suelen carecer de contenido real, sirven sólo para calmar la angustia de quien es escuchado y, por consiguiente, no favorece a la escucha activa.
  3. No respetar los silencios. Los silencios suelen ser muy temidos y causar mucha ansiedad a quienes se encuentran realizando una escucha activa, a tal punto que se trata de evitarlos. Sin embargo, el silencio es en sí mismo una forma de comunicar algo. Se encuentra allí por una razón y respetarlo es vital para establecer una buena escucha activa. El manejo de la ansiedad y de los silencios es vital para el buen desarrollo de una escucha activa y no debería causar temor alguno a quien escucha.

Observamos, entonces, que escuchar es mucho más que simplemente oír o charlar. Es brindarle al otro un espacio único, una parte de nosotros, un momento de nuestras vidas, de nuestro tiempo. Por consiguiente, debemos tomarlo como lo que es: una oportunidad invaluable de conexión personal.

Mag. Gastón Cabana