La(s) escucha(s) en el consultorio

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En ocasiones me cuestiono qué nos han enseñado acerca de la escucha en el consultorio clínico. Supongo que nos han intentado enseñar cuestiones que, si bien son importantes, de a momentos nos hacen perder el foco en lo que verdaderamente importa.

Sin duda, la formación teórica es fundamental. La teoría acompaña, guía, sostiene y también nos ayuda a evitar la ansiedad que genera tener a un otro enfrente a nosotros.

Sin embargo, muchas veces intentamos utilizar la teoría como un escudo frente a esta ansiedad o angustia que genera la presencia de nuestro paciente. Evocar conceptos, teorías, categorías, si bien nos calman y alivian, no son lo que realmente importa en todo momento. Y esto no nos lo han enseñado.

Tampoco nos han transmitido que la teoría es importante cuestionarla e interpretarla, y no repetir como loros los conceptos que no nos son propios.

A veces es mejor equivocarse tratando de ser espontáneo que repetir discursos con los cuales no nos sentimos a gusto, al menos no de la manera aprendida. Es importante poder adaptar la teoría a nuestras formas, porque esta es la mejor forma de articularla con la práctica.

Desde la medicina occidental, siempre pensamos acerca de la cura, el diagnóstico, el pronóstico y conceptos de índole categórica, que poco ayudan a individualizar y subjetivar a la persona que tenemos enfrente. La realidad es que cuando nos olvidamos del sujeto, lo estamos dejando solo. Y no hay nada peor que en un consultorio falte el terapeuta, el escuchador.

Con esto se plantea que un problema, escuchar, no implica, en la mayoría de los casos, escuchar lo que queremos para que nos cierren nuestros manuales, nuestras teorías, nuestras categorías.

Escuchar es dejarse habitar por el tiempo y el espacio del otro, es dejarse afectar y poder recibirlo desde ese lugar.

Es importante poder escuchar antes de hablar, poder seguir los tiempos y ritmos del paciente: acompañarlo.

No dar por sentado, no suponer, y generar preguntas donde parecen haber certezas, prejuicios o suposiciones. Dar el espacio a abrir, a asociar, en vez de cerrar con manuales, teorías o conceptos.

Además, poder escuchar los silencios, ya que al igual que las escuchas, deben pensarse en plural. No todos los silencios quieren decir lo mismo, ya que estos dependerán de la persona silenciosa que tengamos enfrente.

En definitiva, esto no sólo supone un trabajo artesanal dentro del consultorio, sino que también nos interpela a la hora de entender la construcción de la subjetividad de cada uno de nuestros pacientes. Cada paciente es único y merece la escucha que nos convoca. Y saber esto debería ser tan importante como la formación teórica que nos es brindada.

Lic. Pía Irastorza

Fotografía de cottonbro